martes, 28 de junio de 2011

Tito Pooh goes to Heaven.





Para quienes no lo conocen, él es Tito Pooh. Un mono araña de alambre. Y como dice la canción "este es el mono de alambre, y al que no le guste, que....le den pamba".
Su origen es incierto. Aunque él asegura ser originario de Chiapas. Específicamente del cañón del Sumidero. Sin embargo, personas allegadas a él saben que es el resultado de los amoríos de su papá, un mono araña bastante enamoradizo, quien cayó rendido ante los encantos de una bobina eléctrica. De ahí su singular apariencia.
Es un buen amigo. Aunque a veces suele ser inoportuno y un poco indiscreto....
Y bueno, el caso es que hace un tiempo tuvo una experiencia un poco traumática con cierto personaje de sotana. Tras lo cual, desarrolló una especie de síndrome de Estocolmo....
Ante tal situación, resolví llevarlo durante este fin de semana a la reserva de la biósfera El Cielo, en Tamaulipas. Ante lo cual accedió, animado además por la idea de conocer el sitio y porque hace mucho, mucho tiempo algunos familiares suyos deambularon por acá (aunque muchos después se mudaron de lugar o terminaron cautivos en el zoológico de Brownsville).
Así que este viernes nos fuimos en el autobús. Durante el trayecto, algunos paisajes típicos del noreste llamaron su atención. Como el cerro del Pilón, en el municipio de Mainero, Tamaulipas.
Llegamos a Ciudad Victoria, la capital del estado. E hicimos una breve escala en la terminal de autobuses, para tomar el que nos llevaría más cerca de la reserva.
Al ir viajando por la seca planicie tamaulipeca, uno que otro cerro aislado rompe con la monotonía.
El autobús nos bajó en un punto conocido como la Y griega (bueno, ahora de acuerdo a la RAE: la "ye"). Debido a las condiciones de sequía prolongada que se han dado en los últimos meses en la región, algunas cosas no lucían del todo bien.
El panorama fue un poco desolador para Tito Pooh, quien no perdió oportunidad de curiosear un poco entre la vegetación quemada.
Tras conseguir un aventón (esto debido a que Tito Pooh le enseñaba las piernas a los automovilistas), llegamos hasta la villa de Gómez Farías, que se considera el punto de entrada a la reserva de la biósfera. Ahí, el paisaje cambió radicalmente. Y Tito Pooh se mostró más contento que al llegar.
La vegetación tropical del lugar le recordó de inmediato su tierra natal. El olor de los mangos maduros, los aguacates, los cedros en floración, el color de las heliconias....
Por supuesto que no podía irse sin darle una probada a los mangos de la región, que por cierto, son toda una delicia.
Al momento de subir a la sierra, se dejó venir una lluvia ligera. Por lo menos aminoró un poco el calor que se sentía. Y no impidió que Tito siguiera de curioso entre la vegetación.
Un poco antes del anochecer, llegamos a la comunidad donde nos hospedaríamos. Por un módico precio, nos permitieron un espacio para acampar, bajo techo y con sanitarios y regaderas cerca. Era tal el cansancio que ya dormíamos desde antes de tocar el suelo =P. Y a la mañana siguiente, después de un buen desayuno....
Y de admirar el sol naciente....
Nos dispusimos a caminar hasta los sitios donde haría muestreos para la tesis. En el camino, la humedad de la mañana se condensaba y formaba algunas nubes que cubrían los cerros. Y la luz del sol, al filtrarse entre los árboles, daba una apariencia fantasmagórica a todo el bosque.
Como siempre que pasa al andar en lugares apartados, es indispensable cargar el GPS para poder orientarse correctamente. En lo que éste agarraba señal, Tito siguió curioseando.
Se preguntó si era cierto que los hongos que crecen en el estiércol de las vacas son alucinógenos y quiso comprobarlo directamente....
El efecto no fue del todo bueno. Quiso hacer su numerito de "E.T., phone, home". Sin saber que en ese lugar no hay señal de telefonía.
Y bueno, una vez pasada la euforia alucinógena, se sentó un rato bajo un árbol, levantó la vista y se sintió inmensamente pequeño y apabullado ante tanta diversidad de vida.
Orquídeas, hongos y bichos por igual llamaron su atención.
La lluvia, que tanto hacía falta en esa región, se hizo presente durante la tarde. Creo que con una intensidad inusitada, pero al fin y al cabo necesaria.
Muchos caminos se convirtieron en arroyos. Pese a la mojada, estábamos seguros que muchos animales del lugar tendrían ahora un abasto provisional de agua.
Como su bolsa de dormir se mojó, Tito no tuvo más remedio que tratar de cobijarse con hojas de periódico. No fue una noche del todo agradable...
Sin embargo, a la mañana siguiente, al volver al sitio de muestreo, encontramos que el camino de acceso se había convertido en esto:
Y a Tito se le olvidó lo mal que la había pasado la noche anterior. Se sentó a la orilla del arroyo a contemplar la caída de agua.
Descubrió además, con mayor sorpresa, que uno de los cuadrantes delimitados el día anterior ahora tenía un valor agregado en forma de cascadas y pozas de agua helada bajando de los cerros.
Pero primero el trabajo, después vendrían los chapuzones...
Al terminar ese día, bajando de la sierra, se formó esto entre las nubes. No pregunten por qué Tito Pooh se sintió de inmediato identificado con ello.
Y el lunes llegó el momento de decir adiós. Tito Pooh se despidió, muy contento de haber conocido ese lugar, y se prometió a sí mismo volver dentro de poco tiempo.
El sol se ponía esa tarde de lunes, cuando Tito Pooh llegó por fin a Linares. A casa, para recargar energías. Y planear otras salidas...

miércoles, 22 de junio de 2011

Pffffftttttt

Me tapo: calor. Me destapo: me pican los mosquitos. El caso es que anoche fue de esas noches pésimas en que no descansa uno bien. Si me ven así, no se pregunten por qué:

lunes, 20 de junio de 2011

Las voces de la selva.

En muchas regiones del sur de México es común escuchar en las mañanas y al atardecer el estruendo producido por los monos aulladores, un rugido poderoso que puede escucharse a varios kilómetros de distancia. Quienes visitan por primera vez las zonas selváticas del sur, suelen llevarse una impresión muy fuerte, al pensar que se trata de alguna fiera cercana, sin darse cuenta que el sonido proviene más bien de las copas de los árboles.

Son dos especies de monos aulladores los que existen en México: el mono aullador de manto (Alouatta palliata) y el mono aullador negro (Alouatta pigra). El primero posee una coloración café a dorado en el lomo, con el resto del pelaje de color oscuro, en tanto que el segundo es completamente negro. En México, A. palliata se distribuye desde el sur de Veracruz, pasando por el norte de Oaxaca y Chiapas, Tabasco y hasta el sur de Campeche, extendiendo su distribución en América hasta el norte de Colombia, Ecuador y Perú. En el caso de A. pigra, su distribución es más restringida, siendo una especie endémica del área mesoamericana. Su distribución en México abarca desde el sur de Tabasco, parte del norte de Chiapas y en la península de Yucatán, además de Guatemala y Belice. Ambas especies confluyen en territorio tabasqueño, en la localidad de Macuspana.
Mapa de distribución de Alouatta palliata.
Mapa de distribución de Alouatta pigra.

Son monos de gran tamaño y peso. Alouatta pigra está entre las especies más grandes de monos del Nuevo Mundo, con un peso de hasta 11 kg. Alouatta palliata es ligeramente menor, con un peso máximo de 9 kg. En ambas especies existe además una marcada diferencia entre sexos. Los machos tienen una talla corporal considerablemente mayor que las hembras, además de sus característicos rugidos. Un hueso modificado en su garganta, el hioides, funciona como amplificador de las cuerdas vocales y eso magnifica el sonido que producen, pudiéndose escuchar a distancias considerables. Las hembras también producen sonidos, pero más agudos y de menor duración.
Ejemplar de Alouatta palliata.

Ejemplar de Alouatta pigra.

La alimentación de ambas especies es vegetariana. Consiste básicamente en hojas, flores y frutos de diversas especies vegetales, con lo que cubren así sus requerimientos de agua y nutrientes, ya que es una característica en común en ambas especies el que en muy raras ocasiones bajen al suelo para beber. Una dieta de hojas es extremadamente pobre en nutrientes, además de que consumen asimismo las toxinas acumuladas en ellas. Es por ello que dedican gran parte de su día al descanso después de alimentarse, para ahorrar energía y llevar a cabo el proceso digestivo. Para poder digerir las grandes cantidades de celulosa ingeridas en las hojas, cuentan con una flora intestinal muy abundante, volviéndolos animales altamente especializados, por lo que su dieta es muy específica. Esto los vuelve particularmente sensibles ante el cambio de composición de especies en su hábitat, producto de las alteraciones producidas por el hombre.
Dotados de una cola prensil, los aulladores son típicamente arborícolas y se sirven de este apéndice para sostenerse mientras tratan de alcanzar retoños o frutos al alimentarse. Pueden realizar saltos considerables entre los árboles, sin embargo, no son tan ágiles como los monos araña, y por lo general sus desplazamientos son más bien lentos y sólo los realizan durante las mañanas y al atardecer, momentos en los cuales los machos realizan sus vocalizaciones con el fin de señalar la posición del grupo a otras tropas vecinas.
Sus grupos sociales (o tropas) están compuestos mayormente por uno o dos machos adultos, además de un número variable de hembras, juveniles y crías. En algunos sitios se han podido observar tropas hasta de 16 o más individuos, dependiendo del grado de afectación del hábitat. Existen además grupos compuestos exclusivamente de machos en edad reproductiva. El apareamiento puede llevarse a cabo en cualquier época del año, dando a luz una sola cría.
En su medio natural, los monos son depredados por jaguares, serpientes y aves rapaces, especialmente los juveniles. En sitios perturbados, la presencia de perros asilvestrados es también un factor de riesgo, dado que en estos lugares los monos se ven obligados a desplazarse por el suelo para ir de un fragmento arbolado a otro, lo que los vuelve vulnerables. Es frecuente también que sean atropellados al intentar cruzar caminos e incluso carreteras asfaltadas. La fragmentación del hábitat es un factor de riesgo para la salud de las poblaciones, ya que muchos grupos se ven confinados a espacios naturales cada vez más reducidos, originando estrés y afecciones en la salud de los individuos, principalmente por la falta de alimento. Por último, ambas especies son comercializadas de manera ilegal como mascotas, especialmente las crías.
Como en muchas otras especies que dependen de la selva para su sobrevivencia, la conservación de grandes espacios con vegetación natural contribuye en gran medida a la permanencia de las poblaciones de estos monos. De igual forma, el asegurar que los diferentes fragmentos donde haya grupos de aulladores se mantengan interconectados para que las tropas se desplacen de un sitio a otro. Sólo así, no se callará para siempre el rugido que tanto caracteriza a la selva del sur de México.